La danza de las tijeras ha sido declarada, el 10 de noviembre del 2010 como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Según los antropólogos este baile es originario de la región de Ayacucho, difundiéndose hasta Huancavelica y Apurímac.
Según la tradición andina la danza se acostumbra a bailar a partir del mes de abril hasta diciembre, en todas las fiestas agrícolas y religiosas de la zona. Pero ahora estamos en Lima y no celebrando una fiesta agrícola sino el 50 cumpleaños de Don Elías, quien ha contratado a dos danzantes de tijeras para animar su fiesta.
Son las diez de las noche y dos hombres se baten a duelo, el Apu sara sara y Satanás de poma, cada uno con sus “tijeras” en la palma derecha, con sus respectivos violinista y arpistas esperan su turno para salir al medio del salón a lucirse con sus pasos. Se mueven de derecha a izquierda, saltan con las piernas extendidas, se paran de cabeza, se tiran al suelo y comienzan a impulsar todo su cuerpo hacia arriba, van al lugar del otro para provocarlo; lo que nunca hacen es pedir las palmas de la gente, que mira atentamente algunos con curiosidad y otros con asombro, pues son ellos son el jurado que sentenciará a uno o a otro. Solo les queda mostrar sus mejores movimientos.
Esta danza es denominada por los campesinos como “Supay Huapasi Tusak”, que significa “danzante en la casa del diablo”. Fue José María Arguedas quien difundió el apelativo de tijeras debido a los instrumentos que los danzantes llevan en una de las manos. Según la cosmología de la danza entre nosotros los humanos existen mensajeros del Apu Wamani, una deidad andina, con la suficiente habilidad de comunicarse con ellos y con otros dioses como el rayo, el sol, la luna, el río, el cóndor, el puma, etcétera.
Don Elías aplaude sin cesar, está disfrutando del espectáculo al lado de su esposa y sus tres hijos. Los danzantes, también conocidos como LAYQAS o AYRAS, están como si recién se hubiesen mojado la cara. El sonido metálico de las "tijeras" sigue exactamente el ritmo de la melodía ejecutada por los instrumentos de cuerda. Estas láminas tienen un peso de 700 gramos. La vestimenta de los danzantes es impresionante por sus colores, bordados y ornamentos. El sombrero pesa entre 5 y 6 kilos y está profusamente adornado; llevan bordado el nombre de cada artista. Los danzantes usan una camisa, un chaleco y un pantalón que termina en blondas. Toda su vestimenta puede llegar a pesar unos 15 kilos pero a ellos al parecer nos les afecta, saltan y se mueven como saltamontes con el único fin, al parecer, de agradar a su público.
Este baile ancestral tiene sus orígenes en el pastoreo y esquila del ganado, la danza se ejecuta para rendir homenaje a esta tradición andina. Con la invasión española a esta costumbre se la consideró pagana, idolatra, hereje, cosa de demonios. Perseguidos por no creer en el dios español, los danzantes o “anticristos” eran prejuzgados, castigados y ejecutados. A partir de 1564, 8000 LAYQAS fueron condenados como consecuencia de la tenaz campaña de extirpación de idolatrías de Cristóbal de Albornoz. Pero los LAYQAS continuaron bailando clandestinamente.
Al cristianismo no le quedó más remedio que aceptar la danza, condicionándola a la adoración del Niño Jesús en las festividades religiosas. Los sacerdotes cristianos, les dieron "legalidad" y admitieron su presencia y los llamaron GALAS, condicionándolos a venir cada 25 de diciembre para adorar al Niño Dios. Antes de iniciar sus representaciones, los danzantes debían escuchar atentamente a los “copleros”, encargados de adoctrinarlos en la Religión Cristiana.
Así se adecuan las danzas autóctonas con la Navidad. Los danzantes son llamados Galas por la semejanza de sus trajes con los de Galicia, en España. La danza de Tijeras se llama así desde 1810.
Son las once de la noche y los bailarines se dan las manos, ambos como si recién se hubieran mojado la cara se despiden del público que ya tiene a su favorito; Satanás de poma se lleva la mayor parte de los aplausos y silbidos, no es para menos su último acto dejó sorprendido a muchos. Sin que nadie se lo esperara en medio de la algarabía se acercó a su arpista y le pidió un sable, el cual sacó de entre su poncho, posteriormente pasó a introducírselo por la boca. El público vitorea a su favorito mientras ambos competidores se retiran, tienen otro duelo en una hora.
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